A ver qué va a suceder, que no leemos los textos con atención y nos creemos que pone lo que no pone o viceversa. Sí, porque un servidor que sigue yendo a ver cine hecho en España (o pagado por productores nacidos aquí) y que defiende, incluso, que es mejor de lo que muchos (demasiados) insisten en afirmar, se encuentra esta semana con una de esas películas que nos venden como “aplaudida por la crítica”.
Claro que ocurrirá lo de siempre, todo el mundo se irá a ver a Will Smith. Yo me quedo de nuevo con el cine francés.
Las cuatro paredes de una clase y los otros tantos muros de una escuela, un grupo de alumnos multiculturales, un puñado de profesores luchando contra lo imposible y un propósito: mostrar el presente. Eso es “La clase”. Y es mucho.
Dicen no pocos sociólogos y filósofos sociales (Bauman, Beck, Luhmann…) que la característica o contradicción más destacada del momento presente (llámese posmodernidad, modernidad líquida o tardía, capitalismo global o neoliberal…) es la absoluta incongruencia entre los problemas y las soluciones, entre el poder y la política: estando afectados por problemas o conflictos de orden global, sólo sabemos proponer soluciones de alcance y naturaleza locales (responder con políticas autonómicas a crisis mundiales, inventar recetas fiscales nacionales para combatir movimientos financieros internacionales… o solucionar los conflictos educativos desde el interior de una escuela).