Puede pensarse que dedicar dos columnas a Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal es un exceso. Y lo es. Más aún, es un despilfarro. Sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de una película de aventuras en la que se suceden los clisés propios de un estilo que, como todos, al hacerse formato y saga, debe conciliar altas dosis de redundancia con una pizca de nueva información.
Advertencia: lo que sigue a continuación, revela parte de la trama (tanto explícita como implícita) de la película. Si usted decide avanzar con la lectura, podría pasar que: si aún no la vio, le arruine cualquier expectativa de sorpresa que albergue legítimamente como promitente espectador; si ya la vio, podría cuestionar la sensación de haber visto una inocente (o torpe), divertida (o aburrida) película de aventuras.
El próximo día 22 de mayo se estrena en España la última entrega del mítico Dr. Jones, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (el 18 de mayo será proyectada en el Festival de Cine de Cannes). El director, Steven Spielberg y el productor ejecutivo y co-creador del personaje, George Lucas decidieron omitir el uso de efectos digitales generados por CGI, para seguir el estilo artístico de rodaje utilizado en las películas anteriores.
Esta decisión ha dado un gran resultado, consiguiendo que muchas de las escenas sean tan naturales y entrañables como las que encontramos en las pelis anteriores. Por ejemplo, todos recordamos cuando Indy dispara a un matón de El Cairo tras el numerito acrobático de éste con una espada en la primera aventura del profesor y su búsqueda del Arca perdida…bien, pues en realidad no hay tal revólver en la imagen y nunca jamás se escribió esa escena en el guión.