04 Agosto 2008
Leer un guión, apostar por una película
Crítica / Análisis, Industria cinematográfica Añadir un comentario
Hay publicados numerosos libros sobre cómo escribir un guión, y quizás el más notorio sea el de Robert McKee. Sin embargo, no he encontrado nunca uno sobre cómo debe leerse un guión. Si existen, nunca ha llegado a mis manos. Está claro que se supone que al aprender a escribir un guión, también se aprende a leerlo. Pero no me refiero una lectura técnica, a saber apreciar su estructura y los demás componentes que debe tener un buen guión. Hablo de saber apreciar si la historia que cuenta es comercial o no, independientemente de si está bien o mal escrito. La cabeza de los ejecutivos de los Estudios depende de tener ese olfato, y por lo que sé, la mayoría de ellos aprenden cometiendo errores. No olvidemos que hasta Steven Spielberg tiene algún fracaso, desde el punto de vista económico.
En la industria es notoria la cantidad de actores que rechazaron un papel en determinada película que más tarde catapultó a la fama a otro actor. El más claro ejemplo es George Raft. Sin él probablemente Humphrey Bogart no hubiera alcanzado la fama que tuvo. A saber, Raft rechazó El último refugio, luego El Halcón Maltes porque no confiaba en el director (John Huston), y finalmente Casablanca. Bogart terminó haciendo las tres películas y se convirtió en un icono. A propósito, ¿qué película sería Casablanca si Ronald Reagan y Ann Sheridan hubieran aceptado rodarla?
En cierta manera, lo mismo sucede con los ejecutivos de los Estudios. Siendo Frank Price la cabeza de Columbia, rechazó ET. Claro que siempre hay un montón de factores que pesan en el momento de tomar una decisión. Anne se había pasado del presupuesto de forma salvaje, y por otro lado Tootsie iba a ser la película del año para ellos. No obstante, hicieron un test con diversa gente, enviándoles una sinopsis reducida de ET. . El resultado fue que nadie estaba interesado en ver una película sobre un extraterrestre. Columbia pasó del proyecto, pese a que había desembolsado ya un millón de dólares para tener la primera opción, y éste terminó en manos de Universal.
La historia no termina ahí. Años más tarde, Frank Price se va de Columbia para hacerse cargo de Universal. Mientras estuvo al frente del Estudio, tres años, porque ése es el término de un contrato, y si tiene éxito le renuevan, produjo varios títulos importantes, entre ellos Memorias de África, y en general el Estudio funcionó bien desde el punto de vista económico durante su mandato. Pero al finalizar su contrato se tuvo que marchar. Spielberg no le hablaba porque le había rechazado ET cuando estaba en Columbia. Y ningún estudio puede darse el lujo de tener un ejecutivo de producción al que Spielberg ignore.
David Picker, que estuvo al frente de distintos estudios, dijo una vez algo al respecto: “Si hubiera aceptado todos los proyectos que rechacé y hubiera rechazado todos lo que acepté, todo hubiera resultado más o menos igual.” Frase totalmente errónea en mi opinión, porque da la sensación que se decide al azar. Sin embargo, hay mucho trabajo detrás. Aunque la última palabra la tenga la cabeza del Estudio, antes de tomar una decisión consulta a la gente de Ventas, de Marketing, de Publicidad, etc.
He leído cientos de guiones en mi vida profesional. Unos eran sobre las películas que el Estudio estaba rodando, o iba a rodar. Sobre ese guión, y teniendo en cuenta el reparto, el director, etc., había que hacer un estimado de lo que la película recaudaría en el territorio, y cuánto había que gastar en copias y publicidad. Con esos números, de todo el mundo, los Estudios van a los bancos y consiguen el dinero para rodarla.
Pero la parte más interesante era leer los guiones de las películas españolas que nos ofrecían. Los Santos Inocentes terminamos distribuyéndola nosotros, UIP, porque hubo otra compañía que la rechazó. No creyeron que el tema fuera comercial. Y como todos, también me equivoqué alguna vez. No me había gustado el guión de El rey pasmado, y sin embargo dudaba. Mi Jefe de Ventas me preguntó por qué. Es posible, dije, que con la mala leche (refiriéndome a la potencia de sus imágenes) que tiene Imanol (Uribe), la película termine siendo comercial. Y lo fue. Pero yo no la distribuí. Más fácil fue decidir sobre Tesis. José Luis Cuerda me trajo el guión y dos cortos que había hecho Amenabar. Vi los cortos y leí el guión esa misma noche. A la mañana siguiente firmamos el contrato.
Lo apasionante de este negocio es que se parece mucho a un juego de azar, y supongo que por ello siguen existiendo productores que arriesgan hasta la camisa.
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