11 Abril 2008
La edad de la ignorancia: los 68
Crítica / Análisis, Estrenos, Trailers Añadir un comentario
El mes que viene asistiremos al 40 aniversario del Mayo del 68 y, muy probablemente también, a toda una rememoración fatua de aquella revuelta. Si quieren antídotos contra la deriva más condescendiente de este aniversario, vayan a ver el último y mediocre film de Denys Arcand. Entenderán en breve por qué.
Sabíamos de Arcand, gracias a las dos primeras películas -El declive del Imperio Americano y Las Invasiones Bárbaras- de la trilogía que ahora se cierra con La edad de la ignorancia, su desinterés –¿incapacidad?- por los aspectos formales y narrativos del cine, su escasísima reflexión plástica y visual, su falta de acierto en la dirección… pero sabíamos, también, que Arcand era capaz de interpretar y diagnosticar con agudeza, en ocasiones brillantez, los sinsentidos y las contradicciones de la modernidad, el capitalismo, el Imperio…
Trailer doblado al español de La edad de la ignorancia
Pues bien, la película que ahora se estrena es más Arcand que nunca: más crítica con la tardo o posmodernidad que nunca, más desinteresada por el lenguaje cinematográfico que nunca. Si en filmes anteriores la falta de interés por el medio cinematográfico no fue impedimento para que la mirada crítica encontrase un espacio fílmico en el que desplegarse, me temo que en esta ocasión los obstáculos narrativos no se superan, a pesar de los aciertos críticos que sin duda contiene el film.
Desde un punto de vista formal, me resulta muy difícil de aceptar una propuesta crítica de la sociedad contemporánea plagada de gags cómicos televisivos en forma de denuncia satírica. Siempre he creído que combinan mal y poco la comedia y la crítica. Quizá tuviese razón el bueno de Aristóteles cuando decía en su Poética eso de que la comedia imita hombres y acciones “bajas” y la tragedia lo hace con hombres y acciones “elevadas”. El problema es que si empiezas por lo bajo, por lo mediocre y banal, resulta muy fácil acabar en lo ridículo creyendo que se está en la crítica: acabas en la sátira sin trabajo narrativo alguno. De lo bajo a la bajeza no hay más que un paso, y la película se encuentra permanentemente a punto de darlo.
Para resolver esta bajada a los infiernos narrativos, para procurar no dar ese fácil paso a la ridiculización que anula la crítica, Arcand no tiene más opción que recurrir, tarde y mal, al drama y la tragedia. Las mezclas de géneros, ya lo advertía un maestro de la comedia como Billy Wilder, no son fáciles y no están al servicio de cualquiera. Arcand no mezcla bien y al final la sátira, el gag y la comedieta dominan sobre el drama: la crítica se vuelve inoperante, estéril, por fácil y evidente.
Pero, ¿qué dice o podría decir la crítica que propone aunque no resuelve el film? Digamos que sobrevuela temas centrales y bien elegidos (¿pensados?) de las patologías contemporáneas, pero es, sobretodo, un perfecto reflejo de la impotencia de buena parte de la izquierda sesentaiochista hoy fagocitada por mil y un mercados.
La crítica se focaliza en tres ejes: uno, medievalización de occidente (cruzadas y cruzados, murallas mentales y reales por doquier, inaccesibilidad del goce); dos, exacerbación de las derivas totalitarias de unos Estados y unas Empresas que oscilan entre el paternalismo y la burocratización fascista o kafkiana (generando miedo y más miedo, codiciando seguridad y más seguridad); y tres, imposibilidad de vivir en presente y la consiguiente necesidad de una huída pueril al mundo de la fantasía. Como si el futuro, al dejar de ser espacio habitable, sólo dejase la opción del sueño imposible: el protagonista del film nada tiene en su vida cotidiana (detesta a su mujer, odia su trabajo, es ignorado por sus hijas…) salvo la posibilidad de fantasear con el acceso a la cima de lo simbólico, del fetiche: fama y sexo como dadores de identidad.
Y ahora el reflejo sesentaiochista, el desvelamiento de lo que siempre hubo en no pocos, ¡pero no todos!, izquierdistas: la nostalgia, la vuelta a “lo auténtico” frente a tanto simulacro, la reacción ante la modernidad sin más propuesta que una suerte de ante-modernidad: el film acaba proponiendo (no desvelo nada importante, no se preocupen) una vuelta a los orígenes, a la casa del padre frente al mar, la huerta con sus tomates y su trabajo manual y realizante, la vida pausada y tranquila de la producción artesanal. ¿Esta era la izquierda?
Ahora que se avecina la vindicación aniversarista del 68 conviene recordar que, para no pocos, esa era la fantasía del ser-de-izquierdas.
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15 de Abril de 2008 - 13:17
[…] Todo un gustazo ahora que se acerca Mayo… […]
28 de Abril de 2008 - 1:07
Muy interesante comentario, Jorge. La pena es que no haya visto la película para seguir más correctamente tus razonamientos.
Me pregunto si el Siglo XX no ha terminado siendo el siglo de la desilusión porque hemos centrado nuestras ilusiones en “totalitarismos”, en sistemas que pretendían ser la solución a nuestros problemas por completo (nazismo, fascismo, comunismo, etc.). Quizá la solución empiece por trocear el problema y, desde luego, por reducir el peso de la inútil clase política.
10 de Mayo de 2008 - 23:49
No entiendo bien, nací en el 1952, que cuando hay aniversarios de dos o tres dígitos que terminan en cero o cinco (mas o menos), se “monta el Belén”. Me pregunto que para qué, sera para hacer recordar a la gente a base de repetición y mas y mas, Mozart, El Quijote, Mayo 68 por poner ejemplos. Que relación hay entre sus cualidades y su repetición constantes. Las demás fechas que hacemos con ellas?. Bueno es la historia de siempre. Me ha gustado el comentario de la película, lo comparto casi en su totalidad.