06 Mayo 2008
Iron Man: el hombre de hierro no es Superman
Crítica / Análisis, Trailers Añadir un comentario
Que los EEUU constituyen la máquina de auto bombo más perfectamente diseñada, mejor montada y distribuida del planeta, no es ninguna novedad.
Su espectacularización tanto de la historia como del presente, alcanza su target en la medida que logra narrar la épica del hombre contemporáneo, englobando al resto del mundo en su canto auto referencial. Lo que la vieja Europa principió con la cruz y las armas, a partir de 1492, lo continúan los EEUU (y sus aliados, eh… ¿queda alguien fuera?) en la conquista mediática del planeta. América, (como les gusta decir con afán metonímico), opera como avanzada del verdadero Imperio: el capitalismo posnacional mundial e integrado (siguiendo aproximadamente a Guattari, Negri y Hardt). Por eso, Iron Man puede exclamar (sin ruborizarse), algo así como: “¡mi reino por una cheesburguer!” (Si, hasta sale la marca).
Trailer en VO de Iron Man
En todo caso, Iron Man cumple con la primera demanda del hambriento público global: entretiene.
Advertencia: algunos tramos de lo que sigue pueden herir la sensibilidad de algunos lectores, a la vez que adelantan parcialmente la trama de la película.
—Me metí al cine a ver una película de vaqueros: “El malvado Rick”. Malísima, pésima, horrible.
—¿Te gustó?
—Si.
Les Luthiers, Radio tertulia.
Si un día faltaras vos entonces quien cuidaría
Las cosas de mi patrón gracias a quien yo trabajo
Si un día faltaras vos muchas riquezas del mundo
En vez de pertenecer a sus legítimos dueños serían presa de algún
Bandido inescrupuloso como ese que por haber
Quedado feo, pelado, le tuvo que declarar
La guerra a sus semejantes, ¿A donde puede llegar?
¿Superman la peladera?…
Leo Maslíah, Superman.
Iron Man no es Superman, tanto como Anthony Stark no es Clark Kent. ¿Eh?
No, no, no. Empecemos de nuevo.
Iron Man no es Clark Kent, tanto como Anthony Stark no es Superman. Ahora si.
Superman vino del espacio exterior, era presumiblemente normal en su (ahora inexistente) planeta pero es un ser extraordinario en el nuestro. Por eso se disfraza de ciudadano común para pasar desapercibido, ocultando así su verdadera identidad tras una fachada llamada Clark Kent.
Anthony Stark es un ser extraordinario que proviene del corazón del mundo civilizado (Malibú) y tiene que ir al espacio exterior (Afganistán, creo) donde tiene que disfrazarse de guerrero medieval para escapar de enemigos que viven aún en esa época, salvo porque están equipados con armas de Stark Industries (es decir, hechas por él).
Mientras Clark Kent lleva una vida anodina, con el agravante de tener que usar su traje de calle por encima del ajustado atuendo (incluyendo la anacrónica capa), cuando emerge Superman, su verdadera identidad, libera sus poderes para defender de manera altruista, el mundo tal cuál es.
Mientras Anthony Stark es un genio, millonario, apuesto, egoísta, desinhibido y borracho (entre otras cosas posee una fotogénica mansión inteligente, una bella e inteligente secretaria y él mismo es suficientemente inteligente como para mantener su éxito viril libre de compromisos y sujeciones sentimentales), Iron Man es, pese a los esfuerzos de diseño, un artefacto algo fuera de época (la propia palabra Iron suena un poco obsoleta, ya sea que se traduzca como hierro o acero) y como atuendo, mucho más incómodo y menos práctico aún que la vestimenta de Superman.
Claro, Anthony es humano y Superman no. Éste último tuvo que viajar años luz para no perecer con el colapso de su mundo, mientras que Anthony (ya somos íntimos), comienza un viaje interior, inducido por terapeutas musulmanes que lo enfrentan a sí mismo y a sus creaciones (con éstas últimas, más bien se compenetra). El viaje de Anthony es interior, por más que haya ido al otro lado del mundo para verse forzado a él, tras probar su propia medicina.
En la invisible curvatura del viaje hacia sí, descubre que no debe hacer armas (porque hacen daño) y que en realidad, ama a su secretaria (Pepper, como el Sargento y su célebre Club). Por increíble que parezca, cuando se descubre el amor se lo ve por todas partes.
Pero la verdadera diferencia, lo que hace que Iron Man sea, pese a todo, un hombre de nuestro tiempo (mientras que Superman vive en los finales de una cultura disciplinaria, pre-divertida), es que Anthony Stark no soporta el anonimato respecto de su alter ego. En otras palabras, no resiste que su criatura ideal y poderosa goce de celebridad con autonomía respecto de su creador. Es propio de los héroes contemporáneos poner énfasis en uno de los rasgos fundamentales de la heroicidad: sobrevivir en la memoria de los demás.
El Pélida Aquiles, el de los pies ligeros, el de rubia melena (es evidente que Homero tenía en mente a Brad Pitt), buscaba la gloria inmortal a través de sus hazañas. Se había vaticinado que sería más grande que su padre (lo cual disuadió a varios dioses de meterse en el lecho con su madre, la ninfa Thetis), vaya si lo fue, pero el canto épico en vida (esto lo sabían las sirenas de las que escapó el ingenioso Ulises) es mucho más dulce que posmortem (el espectro de Aquiles lo confiesa en el Canto XI de la Odisea) y hoy en día lleva un inequívoco nombre: fama.
El goce de la fama es un capital tan apetecible que los vengadores y justicieros de hoy ya no quieren permanecer del todo anónimos tras sus disfraces. Sobre todo cuando tienen a la chica se sus desvelos frente a frente, enamorada del otro, (que no es otro que ellos mismos travestidos como héroes).
En el mundo de los muy muchos, los héroes aún están llamados a destacar. Pero desde que es posible sobresalir sin heroicidad alguna, (basta con formar parte de los islotes autogenerados en los medios de difusión), los héroes deben competir con periodistas, modelos, deportistas y otros (muchos de los cuales cuentan con escaso mérito), capaces de entretener a públicos masivos ávidos de diversión.
Personalmente me divertí con la película, me encantaron la mansión, la secretaria, las interfases y hasta la colección de automóviles (y eso que yo prefiero las bicicletas).
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06 de Mayo de 2008 - 23:36
felicitaciones!!!
me encantaron también los soundtracks que hiciste para radiochicas. El de la vida de Juno es una ternura y el de petroleo sangriento impactante.
pasale el link a la gente porque son imperdibles!!
http://www.myspace.com/radiochicas
07 de Mayo de 2008 - 1:28
Hola Betania y muchas gracias por tu comentario. Me alegra que hayas llegado a escuchar los Soundtrax que hacemos con mucho trabajo y mucho cariño. En ellos también participan Agustina Menchaca en voz, Alito en el trabajo de sonido, la artística de Espectral y, por supuesto, los músicos y compositores que trabajan para la industria o son seleccionados por productores, directores, de acuerdo a los fines estéticos del filme.
08 de Mayo de 2008 - 22:43
Muy bueno el comentario. La película me pareció buena en su género, que no es de mis preferidos. Un producto perfectamente realizado desde un punto de vista técnico. Las tres figuras principales estan bien en sus roles, destacando la actuación de Robert Downey Jr., una revelación para mí, comparada con otros trabajos.
09 de Mayo de 2008 - 15:20
[…] Man no se oculta, como muy bien explica Gabriel Galli en estas mismas páginas, porque no soporta que su alter ego, su yo público, esté separado de su intimidad. Necesita […]