03 Junio 2008
Indiana Jones y… de cristal. Segunda Parte.
Crítica / Análisis, Estrenos Añadir un comentario
Puede pensarse que dedicar dos columnas a Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal es un exceso. Y lo es. Más aún, es un despilfarro. Sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de una película de aventuras en la que se suceden los clisés propios de un estilo que, como todos, al hacerse formato y saga, debe conciliar altas dosis de redundancia con una pizca de nueva información.
Advertencia: lo que sigue a continuación, revela parte de la trama (tanto explícita como implícita) de la película. Si usted decide avanzar con la lectura, podría pasar que: si aún no la vio, le arruine cualquier expectativa de sorpresa que albergue legítimamente como promitente espectador; si ya la vio, podría cuestionar la sensación de haber visto una inocente (o torpe), divertida (o aburrida) película de aventuras.
Dicha pizca de novedades incluye el cambio de nazis por soviéticos en el papel de malos, la discontinuación de seres queridos, el tema del amigo-traidor (todo un clásico), y el origen extraterrestre de las divinidades (al mejor estilo de Recuerdos del futuro). ¡Ah! Y el tema de la paternidad responsable (al estilo de Papá lo sabe todo).
Da igual si los enemigos son rusos, nazis o mcarthistas (no estoy seguro de cómo se escribe esto; en todo caso me refiero a Joseph McCarthy, no a Douglas Mac Arthur). De hecho, la película introduce tímidamente unos agentes, subalternos de John Edgar Hoover de innegable corte mcarthista (son inequívocamente yanquis, pero más torpes y peor vestidos que los rusos) que aspiran a interponerse entre Indiana y su destino (no se entiende por qué ni para qué, ya que el episodio es demasiado tibio como para contentar a rusos nostálgicos, capaces de pagar el precio de la entrada (no se si las protestas detrás de la ex cortina de hierro fueron reales o parte de la estrategia de marketing)).
Como sea, los malos son los soviéticos y, a su manera y por momentos, visten bien. (También Mutt, el motoquero, a medio camino entre Marlon Brando en El salvaje y James Dean en Rebelde sin causa, se preocupa mucho por su aspecto, principalmente su cabello, en un gesto muy 50’s, justo cuando los hombres cambian las armas por los peines y comienzan a pavonearse con jopo y campera de cuero).
Indiana no piensa en su aspecto del mismo modo. Encarna una generación de hombres (que no pensaban en la ropa ya que estaban volcados hacia fuera (en la acción) o hacia dentro (en la introspección)) que, aunque pelearan o discutieran con dad, seguían más apegados a la tradición y los valores recibidos. Puede decirse que Mutt encarna el narcisismo del siglo XX de manera más perfecta que su progenitor.
El comando proletario parece haber nacido más para el manejo de la violencia que del torno, el taladro o la escofina. Detrás de cada ruso hay un ejército escondido, pero al frente, hay una mujer. Nada peor que el mal encarnado en formas femeninas (eso ya lo sabía Sócrates que prefería pasar la noche con sus amigotes antes que volver a casa con la vieja arpía).
Irina Spalko, encarnada por Cate Blanchett, luce un atuendo unisex. Su anguloso corte de pelo art nouvau y la anacrónica espada, otorgan al personaje esa gélida belleza femenina, geometrizada con un toque de masculinidad (incluso su espada se le para, intempestiva e involuntariamente, ante el paso de su objeto de deseo).
Lo más gracioso de la película es el momento en que Irina declara su (retrasado) programa de violencia marxiana, (con el arma mental que la calavera le posibilitaría): poner nuestras ideas en vuestras mentes, invadir los sueños, cambiarlos por dentro; los convertiremos en nosotros y no se darán cuenta (confiesa, palabras más palabras menos). Lo cómico es que su arma secreta, ya funcionaba desde hacía tiempo. Sus agentes (dobles o triples) no lo habían descubierto pues estaba escondida y a la vista, como la carta robada de Edgar Allan Poe: el arma de sus desvelos se llama Hollywood, que con su industria del cine, ya alcanzaba sus logros telepáticos y parnormales. Con la televisión por cable, el plan se ha intensificado y acelerado. Si los rusos perdieron la guerra (fría) fue, entre otras cosas, por el cine que hacían (al menos metafóricamente).
Aún así, los enemigos no son sólo agentes externos. Aquí, el amigo-traidor agrega pequeñas vueltas de tuerca en la dirección de las armas. Éste último, es uno de nos-otros que ha perdido el guión vinculante y ha terminado aliado con los otros (malos pero redituables ). Para evitar cualquier depresión que el descubrimiento del traidor en el equipo pueda deparar, la primera medida es entenderlo como alguien que ha tomado la libertad de empresa demasiado al pie de la letra.
El temple de Indiana Jones y su familia, es tan bueno como el de las heladeras norteamericanas. No se inhiben ante explosiones nucleares ni detienen la discusión de asuntos domésticos ante ningún obstáculo. Las dificultades son más fáciles de vencer cuando se interponen a una disputa familiar que los implicados no han dado por terminada. Evidentemente, nada es más importante que los asuntos internos. El resto es silencio o extraterrestres. Calavera no chilla.
Indiana Jones y… de cristal. Primera parte
Popularity: 81% [?]
03 de Junio de 2008 - 10:48
la verdad es que ésta última entrega contiene, como dices, los clichés de las otra entregas, pero en ésta no me los creo. Acabo de ver en la tele las 2 últimas entregas (el templo y la ultima cruzada) y realmente pienso que están muy, pero que muy por encima de ésta última a nivel de historia y de involucrar a todos sus personajes en ella…quizá deberían haber utilizado el guion de frank darabont y el resultado hubiese sido otro…
Un saludo
03 de Junio de 2008 - 12:31
A mi sí me gustó pero… es cierto que el guión carece del oficio de los anteriores. No basta con tener los ingredientes para cocinar, hay que cocinar, y este guión, no está cocinado, sabe a garbanzos, jamón, pollo, chorizo… pero no sabe a cocido.
03 de Junio de 2008 - 15:01
La película no funciona tan mal, cinematográficamente hablando, hasta que llegan al Amazonas. A partir de allí, todo se derrumba (aún cuando se eleve). Pienso que el guión tiene carencias de redacción y de concepción. (A esta altura y si fuera del caso, me sentiría inclinado a cargar responsabilidades sobre Lucas). Aún así, el pragmatismo empresarial es el que prima. Díme cuánto facturas y te diré qué tan bueno eres…
08 de Junio de 2008 - 21:04
[...] Indiana Jones y… de cristal. Segunda Parte. [...]
07 de Julio de 2008 - 23:08
Profe! Muy buenas las dos columnas!
Me gustó la película y eso de la violencia marxiana también. Salú2