28 Mayo 2008
Indiana Jones y… de cristal. Primera Parte.
Crítica / Análisis, Estrenos, Trailers Añadir un comentario
19 años después de haber disfrutado como locos con Indiana Jones y la última Cruzada, fuimos a ver el retorno del arqueólogo aventurero más famoso del mundo (es propio de las fantasías infantiles occidentales creer que los arqueólogos puedan ser aventureros, pese a que muchos de estos últimos (los aventureros), especialmente los guerreros, hayan recolectado souvenirs multiculturales que se exhiben en la mayoría de los museos importantes del mundo civilizado).
Después de casi dos décadas sin Indiana Jones, lo menos que se podía pedir era que trabajaran un poco más el guión, en especial los diálogos con aspiraciones humorísticas. En última instancia no sólo para los héroes pasa el tiempo; los públicos también crecen, aprenden y me gustaría creer que demandan un poco más.
Advertencia: lo que sigue a continuación, revela parte de la trama (tanto explícita como implícita) de la película. Si usted decide avanzar con la lectura, podría pasar que: si aún no la vio, le arruine cualquier expectativa de sorpresa que albergue legítimamente como promitente espectador; si ya la vio, podría cuestionar la sensación de haber visto una inocente (o torpe), divertida (o aburrida) película de aventuras.
Una de las cualidades de, al menos una parte, de la carrera de Steven Spielberg (dirigiendo y produciendo) ha sido la de interpretar las fantasías de nuestra temprana juventud, me refiero a las nuestras, las de los (más o menos) religados por el cine.
Trailer original de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal
A través de la explicitación de dichas fantasías, en aventuras como Encuentros cercanos, E.T. y la saga de Indiana Jones, Spielberg llevó a la pantalla justo lo que deseábamos, casi sería más justo decir necesitábamos, ver. Después de mayo del 68 y 2001 0disea del espacio, sólo quisimos experimentar lo imposible y, ante todo, bien diseñado.
Crecimos y/o envejecimos junto a Spielberg. Vimos sus películas, leímos sus hazañas cinematográficas (también comerciales, por supuesto) y sobre todo, revivimos el espíritu de la matiné y las grandes aventuras con que soñamos desde la más tierna infancia. El imaginario construído por él nos ha hermanado en la macroesfera de quienes albergamos recuerdos fílmicos comunes.
Compartir la memoria ha sido la función natural de los mitos y ritos en las sociedades principalmente orales de tipo tribal o tradicional. Dicha función se continuó en el esfuerzo unificador de los Estados nacionales a través de la normalización escolar gratuita, siempre con altos, insuficientes e insatisfactorios costos para las voraces arcas fiscales. Pero el cine, a lo largo del siglo XX, fue logrando el mismo efecto que la escuela a nivel planetario, con más rapidez, mayor eficacia y bajo la forma de un negocio que además, contribuía a las arcas estatales más de lo que extraía de ellas (al menos en los EEUU, sería de esperar).
La estresante guerra fría con su amenaza nuclear y todo lo demás, transformó al mundo en un campo de concentración que se confirmó de facto, con la instalación de crueles dictaduras que se extendieron sobre grandes áreas del planeta. La era de la disuasión fue la continuidad del fascismo (en sentido amplio, pero plenamente justificado) por otros medios (en la mayoría de los casos ni tanto).
Que Harrison Ford reaparezca 20 años después como galán maduro, no está mal. No sólo no está mal sino que tampoco se asemeja a la imagen de masculinidad que, por ejemplo, encarnó Clark Gable en Mogambo. A nuestros ojos, el aspecto de aquellos viejos con pinta de ferroviarios, no se ajusta al imaginario heroico al uso en la actualidad. Sin embargo, Indiana Jones (que da señales de aprontarse a pasar la posta a sucesores más jóvenes), no luce aquel aspecto. Está más cerca de los Rolling Stones, que de los varones recios del tiempo en que la madurez era un valor… ¿apetecible? (bueno… peinar canas infundía respeto). Como sea, Indi encarna los principios básicos del héroe norteamericano, entre ellos: cualquiera que se sienta llamado a cosas más elevadas tiene derecho a dejarlo todo para seguir su propio impulso ascendente.
El hecho de que Indiana sea un destacado y pacífico profesor, no hace más que reafirmar dicho principio. De acuerdo al mismo, se puede (y se debe) abandonar la vida normal, la de todos los días, para saltar al gran escenario del mundo (si es para salvarlo ((lo que sea que esto quiera decir)), tanto mejor).
Pero deberíamos reconocer que, aún en pleno siglo XX, el mundo estaba y todavía está, hecho de lugares más o menos pequeños, de sitios a los que hay que llegar. El recurso gráfico de la línea que se mueve describiendo el trayecto del avión sobre el mapa, no sólo conserva sino que revaloriza su encanto retro. También recuerda que quien derrama su baba sobre el mapa tiene serias apetencias sobre el territorio (Chaplin jugando con el globo terráqueo en el Gran dictador, encarnaba la idílica y romántica poética del poder expansionista y unilateral, en los albores de las trabas posimperialistas).
Indiana entra y sale de cualquier lugar con impunidad absoluta. Lo hace con la libertad propia de quien se siente en casa en todas partes, como verdadero ciudadano de la cultura proto-universal y trans-localista. (Además maneja idiomas, dialectos, jeroglíficos o ideogramas sin necesidad de consultar diccionario alguno. No hay que subestimar este aspecto. Si el lenguaje es la casa del ser, que opone sus gruesos muros a los extraños, para Indi todas las puertas están abiertas). Esto, no sólo describe la impunidad con que penetra territorios ajenos, sino que habla también de la legitimación profesional con que lo hace (todo lo antiguo le pertenece como objeto de estudio), así como de su justificación en el duelo que mantiene con los enemigos de turno, que son los enemigos de todos. Es como si reuniera la tradicional sabiduría europea con el know how norteamericano. En otras palabras, es un ilustrado enciclopedista borgiano contemplando el aleph pero también un pragmático go west hombre de acción capáz de patear los traseros que sea necesario (y que, además, mantiene un excelente estado físico para su edad (y la mía, por supuesto, que es bastante menor))… (Continuará…)
Indiana Jones y… de cristal. Segunda Parte.
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29 de Mayo de 2008 - 19:07
Je. Viene simpático, exagerado, pero simpático. Que continúe.
Saludos.
29 de Mayo de 2008 - 20:30
Gracias JM. Espero no decepcionarte. Trataré de mantener la simpatía y prometo exagerar un poco más! Es que esta aventura por más que tenga un cierre (en la segunda parte), no tendrá final (quizás lo encuentren los arqueólogos del futuro. Ups, esa era Inteligencia Artificial, sorry).
Saludos para tí.
08 de Junio de 2008 - 21:02
[...] Indiana Jones y… de cristal. Primera parte