18 Abril 2008
Elegy o de la falta y el exceso de imagen
Crítica / Análisis, Estrenos, Trailers Añadir un comentario
Yo, como Bartleby, preferiría no hacerlo.
Trailer doblado al español de Elegy
Preferiría haber tenido otro preestreno que el de Coixet para ver esta semana. Una mala agenda, la mía, me ha dejado sólo ante Elegy…
Preferiría no tener que decir nada malo de la Coixet pues, me interese más o menos su cine, es claro que tiene una mirada, una apuesta y un lenguaje propios, y esto, en sí, se aplaude…
Incluso preferiría haber sentido algo con su película, porque se pretende intimista, sentimental que no sentimentaloide, porque su estética un tanto publicitaria suele ser eficaz y no demasiado efectista, porque Roth, autor de la novela en la que se basa el film tiene indudable interés y El animal moribundo, la novela, podría dar mucho juego…
Y aunque preferiría no hacerlo, lo haré…
…haré una crítica de su última película, diré que no consigue llegar a donde pretende llevarnos, diré que hay más lugares comunes de los que un espectador que ha visto un poco de cine puede soportar, diré incluso que hay momentos hirientes para la sensibilidad cinematográfica (y para la otra también) del que esto escribe, aunque haya otros momentos y otras propuestas de interés, además de una buena dirección de unos magníficos actores.
Pero para ser justo diré también que se nota en exceso que la Coixet no está en su mundo sino intentando hacer suyo el mundo de Roth, y que este intento de apropiación de un mundo ajeno, siendo de por sí arriesgado, lo hace Coixet -¡error!- mediante un guión ajeno (Nicholas Meyer). A pesar de ello el intento, fallido o no, es valiente. Y se aplaude.
Pero el resultado… no, no llega. No termina de llegar (o, si lo prefieren, de llegarme) la intensidad que propone, y necesita, la trama. Y no me termina de llegar porque ni la propuesta visual consigue salir de unos muy trabajados lugares comunes bien alejados del áspero lenguaje de Roth, ni la construcción narrativa es capaz de trasladar(me) el desgarro de los personajes y el dolor y la pasión que rebosa la historia en que quedan atrapados.
En cuanto al planteamiento puramente visual, la película está trufada, como decía, de suficientes lugares comunes como para expulsar del film a la propia historia que cuenta, además de al espectador que aquí escribe: escenas de sexo refinado con música de Satie; claroscuros con protagonista melancólico frente a la ventana viendo -¡sorpresa!- caer una intensa lluvia; escenas de playa, retoce y amor con cámara de fotos y poses semiadolescentes incluidas; referencias explícitas y visuales a Goya y Velázquez (Penélope convertida en una maja desnuda, espejos que narran la acción como si de las meninas se tratase…); tan forzado y déjà vu todo que el sentido de la narración queda roto, ahogado. Como si la imagen y la trama, lejos de acompañarse y necesitarse mutuamente, narrando una lo que la otra calla y viceversa, hablasen lenguajes distintos.
Al final, claro, el sentido de la trama se hace explícito hasta la extenuación en diálogos forzados que lo dicen todo, en escenas que cierran la historia y voces en off que explican lo que el lenguaje de la imagen debería poder contar por sí mismo.
Una pena…
…pues la historia podría dar juego y, me temo, se queda en un mero juego: un profesor y crítico literario célebre, cerca ya de la vejez, una libertad sexual construida y defendida contra el compromiso amoroso y en revuelta impotente contra el puritanismo, un pasado que empieza a ser excesivo por recurrente y porque se vuelve dominante e inservible cuando el fin se acerca y una extraña lo precipita… Vulnerabilidad por la belleza, la carne, el sexo… contradicciones de una vida en fuga… y de pronto, Penélope. Sobria y exquisita, bella e impenetrable… Diferencia, conflicto, arraigo contra desarraigo, desestabilización de todo cuanto se era y poseía… Celos, temor, imposibilidad del goce… El regreso de lo que se dejó atrás… Aprendizaje y error, más error que aprendizaje… Dolor, atracción, posesión y pasión… sexo y algo más que sexo, lo oculto e inalcanzable… Vejez, miedo, fin…
Con estos ingredientes se puede hacer refinada nouvelle cousine, buena cocina tradicional o dejarlo todo crudo: crudo y frío.
En ocasiones gélido.
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05 de Mayo de 2008 - 13:17
Dear Jorge:
Lo peor de la película son, posiblemente, esas escenas en la playa. Me extraña que a Coixet no se le ocurriera la novedosa idea de que el profesor Kepesh llevara a Consuela en una bicicleta por un prado. Quien no puede sonar peor es Penélope Cruz en inglés. Porque es cierto que da el tipo físico (recuerda un poco, no digo de dónde, a la Loren) pero, amigo mío, menos mal que las escenas de sexo son mudas. Porque si no el gatillazo estaría cantado.
15 de Mayo de 2008 - 12:52
Efectivamente, una pena. Por muchas escenas de sexo compartido que haya, con tanta voz en off de Ben Kingsley más bien parece que nos encontramos ante una sesión continua de onanismo mental por parte de su personaje. Y la vejez da mucho más juego que las simples contrarreplicas topiconas de Dennis Hopper.
O no.