23 Abril 2008
Bienvenido Mr. Papa
Crítica / Análisis, Estrenos, Preestrenos, Trailers Añadir un comentario
Aún en países tan pequeños como Uruguay, la relación entre el centro político y económico (la macrocefálica ciudad portuaria de Montevideo) y la periferia geográfica de campo urbanizado (que a veces se nombra como “interior” de la República y otras como el “afuera” de la capital) ha estado sometida a desencuentros que se hacen aún más evidentes en las zonas de frontera. Allí, la patria, como lugar de reparto de los beneficios entre sus hijos, es tan injusta como su correlato disciplinario: el extraño container que llamamos Estado-Nación.
La frontera es un sitio muy lejano donde nunca pasó mucho (salvo contrabando) y ya no pasa casi nada (salvo contrabando). El baño del Papa, con su anécdota mínima, es un retrato cálido y emotivo, de gente humilde, que vive abandonada tanto por el Dios padre como por el Estado maternal.
Trailer de El baño del Papa
Paró la oreja Sosa al oír exclamar al desconocido: — ¡Qué lástima, qué lástima, que la gente sea tan pobre! (…) ¡Con que extraña dulzura había sido pronunciada la frase! Sin rabia, sin rencor… A nadie culpaba. Como si de las desgracias del mundo los hombres no fueran responsables. Paco Espínola, ¡Qué lástima!
Yerba, caña, rapadura,
un rollo’e naco, nomás;
los pobres contrabandeamos
a gatas pa’ remediar.
¡Que gaucho es el tal camino!
Pero duro de pelar.
Camino de los quileros
por la Sierra de Aceguá.
Osiris Rodríguez Castillo, Camino de los quileros.
Parte del éxito de taquilla de la iglesia católica, (dejando de lado la estructura que usurpó del imperio romano), se basó en la oferta de un solo Dios para todos. La primer transnacional del negocio de las almas (y sus posesiones materiales), comprendió desde temprano que un dios para un solo pueblo elegido, no tiene chances de prosperar entre los ajenos. La buena nueva, llevaba el mensaje de que todos podemos contarnos entre los elegidos para ser salvados. “Sólo porque la mayoría no puede o no quiere aceptar la invitación a ser rescatados sigue habiendo sitio para recién llegados en la nave que promete salvación en cualquier rumbo. Sólo si entran todos, entran todos; pero si entran todos, no entran todos”. (Peter Sloterdijk). Así, la nave VIP del cristianismo o la del capitalismo con vocación democrática, mantiene un número de plazas reservadas para todos, a condición de que los convocados no se presenten.
En El baño del Papa, la promesa de salvación irrumpe como una iluminación en el alma del protagonista (interpretado brillantemente por César Troncoso, un actor que, también en Matar a todos, vuelve a confirmar su calidad actoral). El arcángel mensajero no es otro que la televisión y sus asociados, que profetizan, junto con la llegada del Papa, la invasión de un aluvión de feligreses y peregrinos, hambrientos de bendiciones papales. Tal masa de creyentes sería, principalmente, importada (o traída de contrabando) desde el Brasil, desde que nuestro país es, más bien, de tipo laico y suficientemente agnóstico como para colmar de público apenas una de las instancias papales (la de Montevideo fue la principal y más populosa).
El pretexto de la industria del turismo religioso improvisado, abre una ventana para asomarse a las esperanzas, esfuerzos y miserias de una pequeña familia, en una pequeña ciudad, en un pequeño país, durante un breve lapso. Melo, 1988. Un tiempo y un lugar lejos de Montevideo y todavía cerca de la dictadura y sus agentes prepotentes, unilaterales y poco dados a la generosidad solidaria.
Si el filme de Enrique Fernández y César Charlone es costumbrista, lo es en la medida en que logra captar la trama social y afectiva en que se encuentran sus personajes. En él no hay juicio ni interpretación. Es una mirada a esas vidas anónimas destinadas a no sobresalir, entregadas a la inercia del paso del tiempo. Sus personajes son gente sencilla que sólo tiene su fuerza de trabajo para ofrecer a un mercado que no la valora porque no la necesita. Sus vidas están sumidas en la cotidianidad de la supervivencia: el sacrificio, el contrabando de menudeo, el sometimiento, el ahorro pequeño… La visita del sumo pontífice es el acontecimiento excepcional, la oportunidad, el hecho singular que sacude sus días e introduce en ellos grandes dosis de espíritu de empresa e imaginación delirante.
El filme es ante todo, un fresco que muestra (más allá de algunos maniqueísmos, plenamente justificados) las pobres ilusiones de gente expuesta a creer y aceptar el populismo mediático. Y lo hacen porque necesitan creer que algo puede cambiar en sus vidas, por más pequeño que esto pueda ser. Necesitan creer, no tanto en el Papa y su Dios, sino en que hay algún tipo de futuro, al menos para sus hijos, que ya no para ellos.
La banda sonora a cargo de Gabriel Casacuberta y Luciano Supervielle, (ex-Platano Macho y actuales integrantes del colectivo Bajo Fondo) explora y trabaja las formas musicales locales y propias de la zona donde transcurre la historia. Fieles a su vocación Bajofondera, llevan los timbres y las formas musicales tradicionales a lenguajes de actualidad que interactúan con momentos de narración fímica brillantes. En ellos, se destaca el trabajo de fotografía del notable César Charlone, cuyos antecedentes más conocidos internacionalmente, son nada menos que Ciudad de Dios y El jardinero fiel, ambas dirigidas por el director brasileño Fernando Meirelles. La banda sonora también incluye Camino de los quileros, una popular canción de Osiris Rodríguez Castillos (Montevideo, 1925-1996. Poeta y músico uruguayo que vivió sus años de exilio en España) que canta sobre la vida de los pequeños contrabandistas en la forntera con el Brasil, en la misma región en que transcurre la película.
El comienzo del filme es, posiblemente, uno de los momentos más sobresalientes de la breve historia de la jóven industria cinematográfica uruguaya. En dichos planos, las cadencias rítmicas y las figuras casi abstractas de las sombras y sus entornos, introducen al espectador en un mundo concreto inequívoco e imprevisiblemente fantástico. La imagen de la bicicleta lo dice todo. Encarna el ritmo y la velocidad de unas vidas que sueñan con motos que aligeren el peso de su tránsito por este mundo.
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23 de Abril de 2008 - 21:41
Esta vez me perderé el preestreno, una lástima. Tras leer todo lo que hemos escrito estos días en los blogs, esta película me recuerda mucho a “Bienvenido Mr. Marshall” en una nueva versión uruguaya. Personas humildes que lo venden todo para invertir y hacer negocio ante la venida del Papa - en este caso - o los americanos, que los van a ayudar en su penosa situación.
Me llama la atención, igualmente, el comentario que haces sobre las bicicletas de esta peli y su significado. De nuevo le veo un símil con Mr. Marshall, en ésta son los coches, los coches de los americanos los que marcarán el paso rápido de la comitiva, y el polvo que dejan tras de sí, un polvo del camino que los devuelve a todos a la realidad.
23 de Abril de 2008 - 23:17
Hola Leticia y gracias. Pues si que hay mucha resoncancia de Bienvenido Mr Marshall en El baño del Papa. La situación abre similares espectativas y por lo mismo, frustraciones afines. Aunque te pierdas el pre estreno espero no te pierdas la película!
24 de Abril de 2008 - 10:54
Hola Gabriel. Magnífico comentario el que haces sobre El Baño del Papa. No se podía describirla mejor. Y como bien le dices a Leticia, espero que nadie se la pierda.
24 de Abril de 2008 - 13:19
Desde luego, una película bien narrada y con este cariz tierno siempre es de agradecer. Bravo por el cine uruguayo.
25 de Abril de 2008 - 22:03
[…] más cosas, Antonio: A ver. Tenéis uno, dos y hasta tres “posts” (qué anglicismo más terrible, en fin) en este blog. En Radiocine […]
27 de Abril de 2008 - 15:05
Soy uruguayo. Vi la pelìcula. Está realmente linda y disfrutable. No se la pierdan.
27 de Abril de 2008 - 22:07
El comienzo de la película es espectacular, un logro fotográfico.
El naufragio de las ilusiones hace sentir al espectador, más que a los personajes, eso de “qué lástima que la gente sea tan pobre”.
Me gustó mucho.
28 de Abril de 2008 - 10:48
Cuántos “Betos” y “Cármenes” y “Silvias”… siguen viviendo (y sobreviviendo) en un mundo en el que la fé mueve montañas, pero también las derrumba..
Ojalá esa copia llegue al Vaticano.