Decía la semana pasada que Los Falsificadores propone un conflicto (ético, político, existencial) que no resuelve, impidiendo al espectador salir de la sala confiado y seguro de haber encontrado un lugar desde el que juzgar, valorar y por tanto distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo correcto de lo incorrecto…
…no, Los Falsificadores no da solución alguna (¿he de actuar en nombre de ideales o de mi presente, salvar a la humanidad o salvarme, compadecerme o endurecerme, a quién soy leal, dónde esta la justicia…?) y eso, decía también la semana pasada, es lo que distingue, a juicio de Umberto Eco, la alta cultura de la cultura de masas.
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