12 Mayo 2008
Los grandes estudios y las producciones independientes
Industria cinematográfica Sin comentarios »
Hubo un comentario la semana pasada sobre películas independientes que los grandes Estudios adquieren para distribuir y que a veces no saben que hacer con ellas. Hay más de una razón por la cuál se compran esas películas. Una de ellas es para establecer una relación con el director. Reconocen su talento y quieren contar con él para el futuro, seguramente para proyectos más ambiciosos.
Supongamos que un Estudio compra una película con buenas críticas pero que puede no ser comercial. En ese caso lo que harán será estrenarla en tres o cuatro países para ver como funciona. Si no se recupera la inversión de copias y publicidad, se dirá que “comercialmente no es viable” (expresión que es parte de nuestra jerga) y se archivará. Es decir, no se estrenará en cines en el resto del mundo. El cine es un arte, pero también, nos guste o no, es industria.
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El veintidós de mayo próximo se estrena en casi todo el mundo, simultáneamente, la cuarta versión de las andanzas de Indiana Jones, una vez más con Harrison Ford, y que se llama
La única regla que tiene la industria cinematográfica es que no hay reglas. Eso se refiere que no importa cómo pero hay que hacer funcionar a las películas. Es decir, tienen que hacer dinero. El tema de dar a conocer al público una película antes y durante el estreno, a fin de tener un éxito, existió siempre. Por supuesto, hay distintas formas de hacerlo y depende del tipo de película. Para algunas se usa con este fin un Festival y a partir de ahí, donde se espera obtener críticas muy buenas, se hacen luego proyecciones para público corriente, a fin de que cuando esa película esté en las pantallas comerciales, ya exista un interés por verla. Por un lado son las críticas, por otro lo que en nuestra jerga llamamos el boca a boca. Y esa es la expresión que usamos, y no boca a oído como afirman algunos. El boca a boca quiere decir que uno comenta la película a un tercero, éste a su vez repite el proceso con otro, y así sucesivamente. Lo que se busca es que haya mucha gente hablando (bien) de la película y, si es antes de su lanzamiento, mejor. Claro que esto de los Festivales es un arma de doble filo.
El paisito (título de la nueva película de Ana Diez, exhibida hace pocos días en el Festival de Málaga, refiriéndose a Uruguay) tira. Y por supuesto no voy a ocultar mis raíces. Es decir, nací en esa tierra (por cierto, Uruguay es una palabra guaraní, el idioma de nuestros indígenas originales y que nunca llegamos a hablar, que significa La tierra de los pájaros pintados), y por lo tanto, todo lo que ocurre allí me llega.
Hace cosa de ochenta o noventa años, cuando el cine estaba en sus albores, llevaron a ver una película a una anciana que vivía en un pequeño pueblo donde no había ni luz ni agua corriente. Al salir de la sala le preguntaron qué le pareció lo que había visto. La señora lo explicó diciendo que le habían echado un líquido en los ojos y que las imágenes que vio en la pantalla se debieron a las propiedades mágicas del mencionado líquido. Me pareció una descripción maravillosa. Esto me lo contaba un periodista de cine hace unos días.
A
En relación al artículo que escribí la semana pasada, creo que vale la pena comentar que, pese a ser un país donde se doblan casi todas las películas, la que mayor tiempo permaneció en cartelera en un solo cine fue una película que se exhibió únicamente en versión subtitulada. Esa película fue La vida de Brian, que se estrenó en 1979 y que los Monty Phyton, sus realizadores, se negaron a que fuera doblada. Y la verdad que los inteligentes comediantes ingleses estaban absolutamente ciertos. Era imposible doblar esos diálogos sin que perdieran parte, o la mayor parte de la gracia. La película en Madrid se estrenó en los Cines Madrid (en la plaza del Carmen) y permaneció en cartelera más de tres años. Se dice pronto. Hay otras anécdotas alrededor de su estreno. Debido a su tema - un hombre común que es confundido con el mesías - que podía parecer irreverente, muchos exhibidores se negaron a programarla. O sea que ejercieron una suerte de censura. Sin embargo, semanas después de estrenada, y viendo el éxito que tenía en taquilla, algunos de estos empresarios finalmente la exhibieron, aunque no en el mejor cine, sino en uno de menor importancia, casi un cine de barrio.
¿Doblar o subtitular? Me refiero a las películas, por supuesto, y el tema es recurrente. España, junto con Alemania, Francia e Italia, conforman los cuatro únicos países de Europa que doblan casi todas las películas. La razón parece clara. Son países que tuvieron en algún momento una dictadura de extrema derecha. Y doblar las películas era sólo una forma de de censura. Es famoso en España el caso de Mogambo. Grace Kelly, que está casada y busca a su marido perdido en la selva, se enamora del guía, Clark Gable. En el doblaje Grace Kelly termina convirtiéndose en hermana de su propio marido, con quien en algún momento de la película comparte tienda. De esta manera se evitó un adulterio, pero crearon, inadvertidamente, un incesto. Genial.
Aunque a primera vista las películas que compitieron por los Oscar hace pocas semanas parecen independientes, no lo son tanto. En realidad la mayoría de ellas son producidas o adquiridas durante su producción por alguna de las marcas pertenecientes a cualquiera de los grandes estudios.