Antes de que el Diablo sepa que has muerto: un tratado sobre el mal.

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Antes que el diablo…Con Antes de que el Diablo sepa que has muerto Lumet se sitúa en el mal, lo mira de frente, no busca salidas, ni coartadas, tampoco explicaciones. El mal no es lo que nos pasa, no es la imposibilidad de ser en un mundo gobernado por el dinero, ni el fatídico mandato del padre, tampoco la indiferencia, el egoísmo, la falta de comunicación, la ausencia de sentido, de destino o cualquier otro tropo de la narrativa con aspiraciones críticas. Esto es malo, pero no es el mal.

Sí, cierto, las relaciones sociales están estructuradas por la espera de algo que no llega nunca, y sí, esa espera nos vacía a la vez que se transmuta en la forma vacía por excelencia, el dinero. El destino nos deshace, en efecto. Y sí, crecemos bajo la imposibilidad de cumplir (o romper definitivamente) con un mandato paterno destructivo y que sin embargo nos conforma…

…sí, esto es lo que nos pasa, y Lumet lo muestra, lo narra con detalle, pero va mucho más allá: en lo que nos pasa no está el mal, al menos el de Lumet. El mal, su mal, está en aquello que hacemos con lo que nos pasa. Esta es la propuesta de la película, y es excelente, aunque dé miedo.

Lumet llevaba tiempo saliendo (y, todo hay que decirlo, en ocasiones mal) del cine negro clásico, aquel en el que el espectador acompaña al film en un constante trabajo de desvelamiento: la verdad (de los personajes, de las esperanzas, del poder, de la ciudad, de la misma sociedad…) va apareciendo junto a todo un submundo antes invisible: clubs nocturnos donde se cocina en la sombra el día a día de la ciudad, trastiendas políticas o empresariales, conflictos familiares, personajes despreciables o ambientes asfixiantes… El cine negro mostraba la otra cara del bien, y precisamente por ello el mal era distinguible (esa era la labor de la narración) del bien.

Lumet está en otra parte. El bien, de entrada, no aparece, es sólo una posibilidad. El mal, en cambio, lo abarca todo, pero es un todo difuso que, como decía, no refiere ya a aquello que (nos) pasa, lo que nos cae encima y por ello no elegimos. No, el mal surge de la forma en que nos relacionamos con eso que nos pasa. O, más bien, de cómo los personajes de su película no saben reaccionar ante aquello que les pasa. Cuando haces las cosas mal, el mal aflora. Y ahí, me temo, estamos todos, o podemos estarlo.

Con esta propuesta argumental, la narración de la película no puede mantenerse en el relato lineal y la voz narrativa clásica, tiene que cambiar constantemente de punto de vista, detenerse en cada personaje, ir atrás y adelante en el tiempo y poder así mostrar no sólo la acción que estructura la trama, sino la mirada que hace y deshace a los personajes. Lumet y el espectador miran con ellos y desde ellos. El relato lineal no queda roto, pues, porque esté de moda hacerlo o añada un punto de glamour independiente a su cine. No, se rompe el tiempo del relato porque la narración lo requiere: el narrador se (con)funde con los personajes pues nos invita a ver el mundo desde ellos, y verlos así incapaces de actuar en el mundo.

Si además se cuenta con uno de los mejores repartos que uno pueda imaginar, una propuesta visual que acompaña en todo momento a la narración (magnífico final del film, donde la luz es ya la misma llama del Diablo), lo que acaba produciéndose es una grandísima película y, también, una considerable angustia tras su visionado.

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Jorge Lago

6 de respuestas para “Antes de que el Diablo sepa que has muerto: un tratado sobre el mal.”

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    Víctor Canalejo dijo:

    El mal está en la reacción. Muy buena interpretación Jorge.
    Gracias

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    JM dijo:

    Qué interesante lectura. Gracias.
    Yo creo que esta película me ha causado un efecto similar a El resplandor de Kubrick (aunque son cosas totalmente distintas).
    Lo de Lumet, magistral. Las actuaciones, estupendas.
    Saludos.

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    Rick Blaine dijo:

    Jorge, tu crónica es también un tratado: por qué llevándonos (sólo en apariencia) por los mismos derroteros, a la corrección política de Haggis uno sigue prefiriendo el desasosiego de Lumet. O de Kronemberg. Necesaria.

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    Jorge Lago dijo:

    Completamente de acuerdo contigo, Rick Blaine: Haggis busca siempre lo políticamente correcto y acaba moralizando. Prefiero a Lumet. De Kronenberg ya hablaremos otro día… Y gracias a vosotos, Victor y JM.

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    Gualberto Baña dijo:

    Jorge quería comentar algo sobre el título. Un amigo irlandés me dice que el mismo es la última frase de un brindis común entre irlandeses (aunque leyéndolo más bien parece un poema)
    May the road rise before you
    May the wind always be at your back
    May the lord hold you in the palm of your hand
    And may you be in Heaven half an hour
    before de devil knows you are dead

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    Jorge Lago dijo:

    Gracias, Gualberto. La verdad es que no tenía ni idea del origen del título, y es casi mejor que la película. Eso de estar media hora en el cielo antes de que el diablo sepa que has muerto… en fin, creo que será nuestro caso, amigo. y un abrazo.

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