21 Mayo 2008
Adaptaciones de cine. Mil años de Oración y Cannes
Crítica / Análisis, Industria cinematográfica, Trailers Añadir un comentario
El otro día vi Mil años de oración de Wayne Wang. No tenía interés especial en verla, pero al leer de pasada una crítica, junto con el director que firma la película, me decidí. Nunca suelo prestar atención especial a las críticas, en algún caso ojeo alguna después de haber visto la película. Me gusta ir al cine y poder contar con esa posible sorpresa que me espera, para bien o para mal, mejor saber lo justito. En el caso de Mil años de oración me fijé en una frase de una crítica de un periódico (Lo sé, era inevitable, estaba en mayúscula y en negrita…), dicha frase sostenía “gran obra basada en la simpleza visual“. Pues que quieren que les diga, últimamente me sorprende que en una película se resalte esa característica.
Trailer de Mil años de Oración
De cualquier manera, esa no era la única razón que me llevó a ir a verla; justo en esos días cayó en mis manos el libro en el que se basa la película Los buenos deseos, un conjunto de relatos cortos escrito por Yiyun Li. Dichos relatos ahondan en las raíces de la familia china, de cómo la emigración a EEUU es el símbolo de salvación en algunos casos, y en otros una losa. El pilar común de todos los relatos son las relaciones familiares, mas o menos peculiares, una profunda descripción de la sociedad china cargada de sentimiento, y también de crítica que seguramente otorga la distancia (la autora emigró hace unos años a los Estados Unidos), pero siempre con el toque de cariño que se asume cuando algo no te gusta, pero sabes que es tuyo. La soledad, el vacío y el cambio de los tiempos en una sociedad en la que todo permanece inamovible imprimen a los relatos un deje nostálgico.
Pero voy al grano que si no me lío. EL caso es que fui a ver la película y me encantó. Es estable y sencilla, lo que le permite al director ahondar en los sentimientos de los personajes, desenvolverse en sus inquietudes e inseguridades como pez en el agua y contarnos lo que está pasando entre ellos, o mejor dicho lo que no está pasando. Al terminar de ver la película, corrí a casa a leer el relato corto en el que está basado el film, Mil años de buenos deseos, y al terminarlo (es muy corto y la prosa certera, clara y sencilla que utiliza la autora, lo hace mas ameno todavía), me di cuenta de lo difícil que es adaptar un libro a la pantalla. Era inevitable que buscase en el relato los puntos en común con la película y, evidentemente, los había. Pero el film necesita más información visual de la que el libro contiene; debe ahondar en cuestiones que el libro no toca, a veces de manera somera, y todos esos “extras” tienen que casar con la esencia del libro que adapta. Y en lo relativo a esto, la película acierta. Cierto es que la propia autora del libro es la guionista, y eso me llamó la atención: la película, a mi forma de ver, le ha dado la posibilidad a la escritora de rascar mas aún en la herida que quería poner de relieve en el relato: la incomunicación entre un padre y su hija, ambos chinos. Con todas sus tradiciones y ese pequeño velo que cubre sus relaciones, donde nada se dice de manera abierta.
La manera en que la escritora quiso resaltar esa falta de comunicación entre ambos en su guión y que en el relato lo toca de manera menos incisiva pero igual de eficaz, se basa en las conversaciones que mantiene el padre chino con una señora afgana en el parque. A pesar de la dificultad del idioma que los diferencia, ninguno de los dos habla prácticamente el inglés, en algunos momentos de las conversaciones explican cada uno de ellos sucesos en su propio idioma mientras su interlocutor asiente, confirmando el entendimiento; y por otro lado las cenas calladas de padre e hija mostrando la falta de comunicación a pesar de hablar el mismo idioma. Pienso que al adaptar el relato a la gran pantalla, se ha posibilitado darle otra dimensión a la historia, profundizar en temas que completan a los personajes.
Es cierto que la gran mayoría de las obras maestras del cine son adaptaciones literarias, como El padrino, por ejemplo, incluso es reconocida esa labor con premios tan importantes como son los Oscar. Me parece una tarea impresionante la de sacar toda la esencia de un libro y plasmarla en la imagen, exprimir su sustancia y ser capaz de discernir lo que es importante de lo que no lo es.
El Festival de cine de Cannes me ha traído una buenísima noticia a este respecto: Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, El jardinero Fiel, ambas adaptaciones, ¿casualidad?) presenta Blindness, basada en la impresionante novela de José Saramago Ensayo sobre la ceguera. La novela me dejó un poso de amargura y decadencia de la raza humana que contrastaba con la adoración por el relato que estaba leyendo y lo que significaba. Y en su momento recuerdo que pensé lo mismo que pensé al leer Crónica de una muerte anunciada de Márquez, “¿Se atreverá alguien a adaptarla?”. Creo que ésta última se intentó con resultados pésimos. Yo estoy ansioso por ver Blindness y os aconsejo leer la novela, antes o después de ver la película, ya es decisión vuestra. A modo de curiosidad, el Director de fotografía de dicha película es Cesar Charlone (interesantes los cometarios que hace sobre la luz de “Blindness”), al igual que lo fue de Ciudad de Dios (lo que le valió la nominación al Oscar) y El Jardinero Fiel. Además, Charlone, es codirector de la celebrada y magnifica película que pudimos disfrutar en primicia gracias a Universia, El baño del Papa.
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