La hago retomando tres temas que Soraya habló con Vigalondo: cine de género revisitado, un espectador activo y, por último, un aparente relevo generacional en el cine español.
- ¿Nacho Vigalondo?- El caso es que me suena- Si, hombre, el del corto nominado a los Oscar. Además, creo que va a sacar ahora una película de viajes en el tiempo…
- Nada, no caigo.
Algunos lo han denominado el director famoso más anónimo de nuestro país, y es que este cántabro debe tener casi más cortos realizados (y galardonados) que años a sus espaldas. Nacho Vigalondo se enfrenta con ganas al estreno en España de su primer largo, pero con la tranquilidad que dan cinco premios internacionales en los festivales más prestigiosos de la ciencia-ficción.
Los días antes de un estreno son agotadores. Nacho bebe café. Y nos concede unos minutos de ese tiempo suyo tan peculiar… Leer el resto de esta entrada »
Algo que siempre me ha rondado la cabeza cuando llegué a la adolescencia respecto a las películas de miedo (tranquilos, no empezaré con mi rollo cagón), era como lidiaban los propios actores con semejantes papeles. Solía pensar en ello cuando estaba lo suficientemente cagado y pensaba “¡va! si ahora dirán ¡Corten! o lo que sea y todos se reirán”.
Aparecieron en esa época historias que relataban que parte del equipo artístico de la terrorífica Poltergeist habían muerto, y otro tanto sucedió con la protagonista de El Exorcista. Como si no fuesen lo suficiente impactantes e impresionantes como para encima ir soltando dichos rumores. Nunca supe si eran ciertos o no por entonces, aunque realmente me daba igual: yo ya me los había creído y mi única vía de escape había desaparecido.
Una de las partes más interesantes del Festival de Cine Alemán es su apartado Next Generation. En él se muestran los mejores cortos de los jóvenes cineastas teutones más sobresalientes. Cineforum no se lo podía perder así que no falló a la cita.
Tras la proyección nos quedamos charlando con los dos directores que acudieron al festival: Tomer Eshed y Frauke Thielecke con sus creaciones Our Beutiful Nature y Dunkelrot respectivamente. Los dos nos hablaron de sus cortos, sus próximos proyectos y nos contaron su visión sobre el cine actual.
El reciente estreno de una nueva versión del comic de referencia me trae a la memoria que allá por 1980 estrené en cines, aquí en España, el piloto de televisión de El Increíble Hulk, que interpretaban Bill Bixby y Lou Ferrigno (éste en el personaje de La Masa, que fue el título que le pusimos en español).
Los distribuidores de cine, o algunos por lo menos, estamos siempre atentos a cualquier oportunidad que pueda surgir para mejorar los ingresos. No se trata sólo de estrenar las películas que se tiene en cartera, sino también de buscar otras fórmulas que apoyen nuestra actividad. En este caso, como dijimos, y porque creímos que sería un éxito, llevamos a las pantallas una película hecha originalmente para televisión. La conversación que tuve en su momento con el supervisor sobre el tema fue divertida. Un distribuidor independiente en Francia había comprado los derechos de dicho piloto, la estrenó en cines e hizo una fortuna. Le pedí que me enviara la película antes de que terminara de explicarme y se irritó. Le aclaré que yo conocía la serie porque la había visto en Brasil (donde fui Director de UIP antes de venir a España), y por lo tanto no necesitaba que me contara de qué iba la cosa.
En el negocio del videojuego, a veces se da un fenómeno al que personalmente podría denominar “onda expansiva”. Imaginad una gota cayendo en un lago de aguas tranquilas. En el centro del fenómeno la gota impacta de forma contundente y produce las pequeñas ondas concéntricas que según se van alejando, van siendo cada vez más débiles. Esto representa la distribución comercial de un videojuego. En este caso, la gota es el Assassin’s Creed, el epicentro, la PlayStation 3 y la Xbox 360. Nos alejamos pasando por ondas menos fuertes, el PC, y terminamos en una pequeña y débil ola: la Nintendo DS.
Este vídeo ilustrará todos los aspectos a los que me referiré
Hace no mucho hablaba con un amigo sobre las pelis de antes. Esas películas de los años 80 que te mantenían pegado al asiento la primera, la segunda y la octava vez que las veías. Películas como Indiana Jones, La Guerra de las Galaxias, Cazafantasmas, Superdetective en Hollywood, Regreso al Futuro…No todas eran grandes películas, y con este término me refiero a las pelis de las que los críticos consiguen sacar un significado budista sobre la inmortalidad del cangrejo, cuando tú sólo has disfrutado de las aventuras de un chaval que viaja en el tiempo, por ejemplo.
Eran películas originales, con humor, de aventuras, entretenidas y con personajes que han quedado en el recuerdo por el paso de los años. Y por este motivo, como han quedado en el recuerdo, desde Hollywood invitan a sus protagonistas a regresar, al futuro. Mira quién vuelve de viaje…
Estoy de acuerdo contigo, querido lector (y no sólo querido, sino además idolatrado, admirado y venerado, si sigues leyéndome), en que delante de la palabra sexo resulta raro poner menos, pero quizá hemos llegado a un momento en el que se promocionan ciertas películas con el único aliciente de que en Estados Unidos han tenido mucho éxito, cuando otras pueden conectar muchísimo mejor con nosotros o incluso se desdeña el cortometraje como película, cuando la diferencia es la duración y ya sabemos que la duración realmente no importa (ni aquí ni en Nueva York). ¿Y tú qué opinas de los cortos? Eso quiero saber yo, o me voy a poner más verde que el amigo Hulk.
Caos calmo
Qué me cuenta: La mujer de un directivo de televisión cuarentón fallece repentinamente. Él y su hija parecen afrontar la pérdida sin apenas dolor, pero él decide quedarse todos los días a las puertas del colegio esperando que su hija salga para hacerla más feliz.
Qué puedo esperar: Una película que, aunque no dirige Moretti, sigue la estela de sus últimas películas (nada que ver con el histrionismo comunista militante de “Palombella rossa”, por ejemplo), en las que él llena completamente la pantalla con su interpretación sincera, sus reflexiones y un agudo análisis de la sociedad y familia actuales. Dirige Antonello Grimaldi, sobre un guión que co-escribe Moretti basado en una novela de Sandro Veronesi. Gran película, emocionante y necesaria.
Se tienen muchos recuerdos de la niñez, suelen ser vagos y frágiles, pero si hay uno que prevalece en la memoria a través del tiempo, es el del Miedo. Recuerdo el terror que se apoderaba de mi cuando llegaba la noche en la casona de mi abuela en un pueblo de León. Pasaba la noche en vela esperando a que el “Coco” se me llevase a saber que lugar horrible poblado de almas en pena (Dicho lugar se encontraba en el sotano de la casa). Al pasar el tiempo, mi Miedo se trasnformó en pavor hacia las almas que se habian quedado estancadas entre nuestro mundo y el otro y que, para fastidiar, se dedicaban a asustar y aparecerse a los seres que todavía permanecemos en este mundo, sobre todo en el camino que separa el dormitorio del baño. Ninguno de los dos sucesos se produjo jamás (De momento) y quedan como un mero recuerdo: vago y frágil. Lo que permanece estático en la memoria es el recuerdo del Miedo.
El cine de Terror, de una manera u otra, ha ido reflejando el sentir de una sociedad y sus temores en determindas épocas. En películas clásicas de terror nos encontramos fenómenos paranormales (Al final de la escalera, Poltergeist), y también monstruos venidos de otro planeta, como La cosa del maestro del género John Carpenter. Ciertas temáticas se han ido repitiendo, y lo siguen haciendo a día de hoy, con resultados de todo tipo. Pero lo que es cierto es que el género de Terror ha perdido parte de esa viveza, ese rasgo psicológico que infería a las obras y las dotaba de una fuerza tal, que no había espectador que no se lo pensase dos veces antes de subir unas escaleras a oscuras o un pasillo en penumbra.
Uno de los logros del cine norteamericano ha consistido en cantar la grandeza nacional hasta incluir la autocrítica como forma de enaltecimiento patrio. En ocasiones, se sale del cine con la sensación de haber tenido que aguantar la explicitación (torpe y/o soporífera y/o excesivamente endogámica) de las idas y venidas del oportunismo sincrético de la política norteamericana (como la insufrible Guerra de Charlie Wilson de Mike Nichols, para citar un ejemplo reciente). Tendemos a menospreciar el provincianismo extremo hasta que alcanzamos a comprender que la provincia (desde hace al menos 500 años) es capaz de extenderse sobre todo el planeta (o casi).
La Conspiración (In the Valley of Elah, de Paul Haggis), señala los efectos secundarios de la persistencia de la estructura bélica en el mundo poshistórico. Pero sobre todo, muestra cómo dicha estructura recae sacrificialmente sobre los hijos.