Decía la semana pasada que Los Falsificadores propone un conflicto (ético, político, existencial) que no resuelve, impidiendo al espectador salir de la sala confiado y seguro de haber encontrado un lugar desde el que juzgar, valorar y por tanto distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo correcto de lo incorrecto…
…no, Los Falsificadores no da solución alguna (¿he de actuar en nombre de ideales o de mi presente, salvar a la humanidad o salvarme, compadecerme o endurecerme, a quién soy leal, dónde esta la justicia…?) y eso, decía también la semana pasada, es lo que distingue, a juicio de Umberto Eco, la alta cultura de la cultura de masas.
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El veintidós de mayo próximo se estrena en casi todo el mundo, simultáneamente, la cuarta versión de las andanzas de Indiana Jones, una vez más con Harrison Ford, y que se llama 
La única regla que tiene la industria cinematográfica es que no hay reglas. Eso se refiere que no importa cómo pero hay que hacer funcionar a las películas. Es decir, tienen que hacer dinero. El tema de dar a conocer al público una película antes y durante el estreno, a fin de tener un éxito, existió siempre. Por supuesto, hay distintas formas de hacerlo y depende del tipo de película. Para algunas se usa con este fin un Festival y a partir de ahí, donde se espera obtener críticas muy buenas, se hacen luego proyecciones para público corriente, a fin de que cuando esa película esté en las pantallas comerciales, ya exista un interés por verla. Por un lado son las críticas, por otro lo que en nuestra jerga llamamos el boca a boca. Y esa es la expresión que usamos, y no boca a oído como afirman algunos. El boca a boca quiere decir que uno comenta la película a un tercero, éste a su vez repite el proceso con otro, y así sucesivamente. Lo que se busca es que haya mucha gente hablando (bien) de la película y, si es antes de su lanzamiento, mejor. Claro que esto de los Festivales es un arma de doble filo.